
SULLIVAN FORTNER TRIO – UMBRIA JAZZ 2025
- Fecha: 13 de julio de 2025
- Lugar: Teatro Morlacchi (Perugia)
- Formación:
Sullivan Fortner (piano y órgano Hammond B3)
Tyrone Allen II (contrabajo)
Kayvon Gordon (batería)
A Tim .
«L’arte di Fortner preserva la tradizione e allo stesso tempo evolve il suono. Cerca connessioni tra diversi stili musicali, creando un linguaggio allo stesso tempo profondamente emozionale e incredibilmente innovativo. Le sue opere e le sue idee sono state presentate in testate di riferimento come The New York Times e The Root».
[Extraído del programa oficial]
El paso de Sullivan Fortner por Umbria Jazz 2025 quedó ocupando uno de los lugares más altos del Festival y marcado por el contraste entre sus dos apariciones en Perugia. En el Teatro Morlacchi, al frente de su trío, Fortner exploró una música abierta, basada en la interacción constante, la deconstrucción de estándares y el riesgo improvisativo, alternando piano y Hammond B3. En cambio, en el recién restaurado y reabierto para la ocasión, Teatro del Pavone, bellísimo, su segundo concierto mostró un enfoque más definido y concentrado, con mayor control formal y un discurso pianístico distinto, adaptado a un contexto expresivo diferente, junto a dos músicos históricos como John Clayton y Jeff Hamilton. Esta dualidad confirmó no solo su versatilidad técnica, sino su inteligencia musical para redefinirse según el marco artístico sin diluir su voz personal. Es lo que más admiro de este pianista: cómo hace más grandes a los músicos a los que acompaña cuando titularmente no lidera el conjunto.
En esta línea multifacética, este año 2025 le podemos encontrar en tres grabaciones de muchos quilates: Southern Nights (Artwork Records), en trío, referencia para el concierto pero echando de menos el Hammond B3; Oh Snap (Nonesuch) junto a Cecile McLorin Salvant; y Play (ACT Music), un trabajo hipnotizante en dúo con el trompetista Theo Croker.
Sullivan Fortner, nacido en Nueva Orleans, ha ganado dos Premios Grammy hasta la fecha: uno en 2019 por el Mejor Álbum Vocal de Jazz (como productor y músico clave) para The Window de Cécile McLorin Salvant, y otro en 2025 por la Mejor Interpretación de Jazz por el tema «Twinkle Twinkle Little Me» con Samara Joy.
Desde el inicio, Fortner dejó claro que su música no busca el impacto inmediato, sino la construcción de un discurso. Su pianismo se mueve entre lo percutivo y lo cantabile, alternando frases densas, casi barrocas, con silencios estratégicos que funcionan como respiraciones dramáticas. Hay ecos claros de Bud Powell, Thelonious Monk y Mal Waldron, pero filtrados por una sensibilidad contemporánea que evita la nostalgia.

Al inicio del concierto en el Morlacchi, suntuoso teatro construido en el XVIII, Sullivan Fortner sorprendió incorporando referencias operísticas —La Bohème de Verdi o Aida de Puccini— integradas con naturalidad en su discurso improvisado. Estas citas, lejos de ser anecdóticas, subrayaron su cultura musical amplia y su capacidad para transformar materiales ajenos al jazz en parte orgánica del relato sonoro y un guiño claro al público italiano. Fortner las integró con habilidad como citas amables y evocadoras, antes de adentrarse plenamente en el lenguaje jazzístico del trío. El concierto comenzó además con un toque de melancolía, con unas palabras recordando su participación en Umbria Jazz hace años junto al difunto trompetista Roy Hargrove, con el que compartió escenarios y grabaciones formando parte de su grupo entre 2010 y 2017. Y para salir de ese halo de nostalgia Fortner, con su habilidad, inmediatamente cambió de tono refiriéndose al piano: «… and here was a nice Fazioli… now Yamaha…», dirigiendo al auditorio una mueca de complicidad. A esto le siguieron algunas bromas políticas hacia sus compañeros.

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Tras las piezas iniciales tocando el piano, Sullivan se vuelve hacia el Hammond que tiene detrás y la música cambia sustancialmente: los refinados bordados sobre temas conocidos dan paso a una incursión en un órgano punzante y ultramoderno, notas tan ásperas y sostenidas como las de un sintetizador, y un fraseo contrastante, impresionante. El contrabajo y la batería, antes acompañamientos ligeros y matizados, apoyan al órgano con igual determinación e impetuosidad. Parecían ya otros. Cuando este músico, que me recordó en algunos compases al mejor Larry Young, concluyó la primera pieza con el B3, de forma repentina, el avezado público del Morlacchi estalló de entusiasmo y nos puso la pelle d’oca. Sentimos que ya Sullivan Fortner lo tenía todo bajo su control.
Y seguidamente llevó a los oyentes a un largo y agitado viaje musical, demostrando su dominio perfecto de un repertorio increíblemente vasto y diverso.
Destacó su versión de «Tres Palabras» de Osvaldo Farrés. El bolero clásico fue sometido a un proceso de deconstrucción radical. La melodía apareció solo de manera sugerida, envuelta en reharmonizaciones densas y cambios de tempo sutiles. Fortner transformó la carga sentimental del tema en una reflexión introspectiva, evitando cualquier trazo romántico evidente y apostando por la ambigüedad expresiva. Una joya para el jazz actual.

De Mal Waldron interpretaron «Left Alone», con un enfoque introspectivo y contenido, respetando el carácter melancólico y casi obsesivo del tema. Fortner subrayó la austeridad armónica de Waldron mediante repeticiones deliberadas y un fraseo concentrado, evitando el exceso expresivo. El trío construyó una atmósfera suspendida, donde el peso emocional surgió más del espacio y la insistencia rítmica que del desarrollo virtuoso. Fue quizás el tema cumbre del concierto en consonancia con ese aire de malinconia que se respiró en el comienzo.

En «Estate», de Bruno Martino, la melodía aparece, se diluye y reaparece transformada. El contraste entre abstracción y lirismo fue clave en la versión que nos ofrecieron. Arreciaron los aplausos hasta el tema final en línea ascendente.

Y llegó el bis: el trío cerró con “Can I Play With U?”, tema de Prince asociado a una de las grandes piezas perdidas del último periodo de Miles Davis, quien llegó a grabar fragmentos sobre esta composición sin que finalmente fuera publicada en su álbum Tutu (1986). La elección no fue casual, me pareció entender que fue Kayvon Gordon quien tuvo la idea y Fortner abordó el tema desde una lectura oblicua, despojándolo de su carácter funk explícito para transformarlo en un espacio de improvisación elástica, cargado de groove implícito y tensión rítmica contenida, donde estuvo especialmente bien el baterista. El resultado funcionó como un guiño culto y emotivo, conectando el legado abierto de Miles, la audacia visionaria de Prince y el presente del jazz contemporáneo en un cierre tan inesperado como significativo, de un concierto que empezó con citas operísticas, melancolía y bromas políticas de la actualidad estadounidense.
Texto y fotografías: © José Miguel Gutiérrez, 2025 / https://www.instagram.com/josemiguelgutierrez.lhl
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Información en unadeJAZZ
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