HERBIE HANCOCK – UMBRIA JAZZ 2025 – Arena Santa Giuliana – Perugia, 2025


HERBIE HANCOCK – UMBRIA JAZZ 2025

  • Fecha: 13 de julio de 2025
  • Lugar: Arena Santa Giuliana (Perugia)
  • Formación:

Herbie Hancock (piano, teclados y keytar)
Terence Blanchard (trompeta, teclado ocasional y dirección musical)
Lionel Loueke (guitarra y voz)
James Genus (bajo eléctrico)
Jaylen Petinaud (batería)

«Herbie Hancock is a true icon of modern music. Throughout his explorations, he has transcended limitations and genres while maintaining his unmistakable voice. With an illustrious career spanning five decades and 14 Grammy™ Awards, including Album of the Year for River: The Joni Letters, he continues to amaze audiences across the globe».

[Extraído de su web oficial]

«Torna a Umbria Jazz una vera icona della musica degli ultimi sei decenni, non solo del jazz. La parola icona viene usata spesso nello show business e non sempre a proposito. Per Herbie Hancock, nessun dubbio. L’artista di Chicago ha attraversato, sempre da protagonista, generi e mode come performer, compositore, arrangiatore, produttore, scopritore di talenti, inventore di nuove tendenze, influencer per più di una generazione di musicisti».

[Extraído del programa oficial]

Herbie Hancock entró en el escenario del Arena Santa Giuliana con un saludo cálido y cómplice: “Sono stato qui tante volte. Ormai siete come una famiglia per me”, dándonos muestras desde el principio de su simpatía y gran vitalidad a sus 85 años. Había muchas ganas de volver a verle y las taquillas colgaron el cartel de “Tutto esaurito”. Lleno absoluto en el auditorio más grande del Festival. ¿Cómo plantearía el concierto rodeado de una banda de tan excelentes músicos?

Pues lo plantearon como manifiesto artístico más allá de un repaso de éxitos. Arrancó el concierto con “Overture”, un tema cargado de texturas electrónicas y atmósferas ligeramente disonantes que recordaron a paisajes sonoros cósmicos y que parecieron haber inspirado la escenografía que rodeó a la banda. Hancock estableció desde el inicio su idea central de la noche: el concierto como viaje, no como sucesión de temas. Luego “Introduce The Band”, apareció como un clásico gesto de liderazgo. Cada músico tuvo un breve foco para presentar su sonido y personalidad, reforzando la noción de colectivo y preparando al público para el diálogo instrumental que seguiría en un ambiente muy apropiado:

Podríamos decir que el concierto giró predominantemente con la referencia del discoFlood, live in Tokyo, de 1975, y sin alejarse de trabajos muy cercanos a ese año, que fue un documento vivo y esencial del momento más ardiente del jazz-funk y la fusión de Herbie Hancock junto a The Headhunters. Sobre esta base trabajaron, con instrumentos añadidos y una dirección musical que los volvió nuevos y cohesionados como un proyecto musical contemporáneo.
Aunque siempre es grato volver a escuchar sus temas más consagrados tal y como los hemos escuchado en los discos tantas veces, lo que más me gustó fue precisamente que evitara la lógica del greatest hits. Aunque el repertorio incluyó títulos emblemáticos —“Footprints”, “Actual Proof”, “Chameleon”—, estos no aparecieron como piezas-museo ni como ejercicios de nostalgia, sino como material vivo, sometido a una relectura muy interesante.
Un amigo, con los dientes largos, me preguntó si cogió el keytar y tocó “Cantaloupe Island”. Le dije que se colgó el teclado como en un ritual pero que no tocó tan adorado tema, sino “Chameleon” para su cierre festivo. De repente dio un salto con él que a muchos espectadores pilló por sorpresa por su excelente estado de forma a tan avanzada edad.

Hubo despedida-espectáculo pues, ante un público entregado, habiendo asistido a un repertorio menos complaciente con el pasado y más experimental, dando mucha cancha a sus acompañantes. Tuvo mucho protagonismo Lionel Loueke, que llegó a cantar. Algo menos Terence Blanchard pero lo que hizo fue de una gran presencia y de gran trompetista, ejecutando unos pasajes con una fuerza y una calidad excepcionales.

Qué magnificencia tiene tocando y qué hondura da a sus melodías. Sin desmerecer en absoluto a los demás, Blanchard estuvo sobresaliente.

La clave de que me gustara tanto el concierto estuvo en la estructura del repertorio. Como destacábamos, la “Overture” inicial no funcionó como una introducción protocolar, sino como una declaración de principios: antes que las canciones, el sonido, la textura, el espacio. Hancock invitó al oyente a entrar en un proceso, no a reconocer inmediatamente formas conocidas. Desde ese punto, cada tema se integró como un capítulo de una narrativa más amplia, no como un “número” autónomo. Incluso cuando aparecieron los hitos más reconocibles de su discografía, Hancock los presentó desanclados de su contexto histórico original. “Footprints”, bajo unos interesantes arreglos de Terence Blanchard, dejó de ser únicamente una referencia al quinteto de Miles Davis o a Wayne Shorter para convertirse en un territorio abierto, flexible, donde el pulso rítmico y la interacción contemporánea de la banda redefinieron su significado. “Actual Proof” y “Chameleon”, lejos de sonar como reliquias de los años setenta, funcionaron como plataformas para explorar grooves, capas electrónicas y dinámicas que dialogan con el presente.
Este enfoque revela una idea central: para Hancock, la música no es una sucesión de etapas cerradas —hard bop, modal, fusión, electrónica— sino un continuum creativo. Las fronteras entre lo acústico y lo eléctrico, entre lo escrito y lo improvisado, entre pasado y presente, se disolvieron en favor de una identidad musical en permanente transformación.
Por eso, el concierto no se percibió como una celebración retrospectiva, sino como una afirmación de vigencia artística. A sus más de ocho décadas de vida, Hancock no se presentó como custodio de un legado, sino como alguien que sigue preguntándose qué más puede ser la música. En Perugia, esa pregunta no se formuló con palabras, sino con sonido, interacción y riesgo. Todo esto me gustó, pero siendo sincero me habría gustado aún más si Hancock hubiese tenido más protagonismo en esos temas centrales y que su piano se hubiese oído algo más desnudo.

Con todo, Hancock reafirmó una de las ideas centrales de su carrera: “A composition is not a finished object, but a field of possibilities”.

Herbie Hancock no celebró lo que fue. Siguió preguntándose qué puede ser.

Texto y fotografías: © José Miguel Gutiérrez, 2025 / https://www.instagram.com/josemiguelgutierrez.lhl

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