
Sara Dowling: una voz para el atardecer en el Mediterraneo
SARA DOWLING & MICHAEL KANAN TRIO – II CONCIERTOS a la puesta de sol EN EL CABLE INGLÉS – CLASIJAZZ
- Fecha: 30 de julio de 2026
- Lugar: El Cable Inglés – Almería
- Formación:
Sara Dowling (voz)
Michael Kanan (piano)
Dario Di Lecce (contrabajo)
Guillem Arnedo (batería)
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El Cable Inglés de Almería es un espacio realmente singular para escuchar música, porque se trata de un antiguo cargadero de mineral, construido entre 1902 y 1904, que se adentra en el mar y forma parte del paisaje portuario de la ciudad. Fue declarado Bien de Interés Cultural desde 1998 y hoy está rehabilitado y se ha convertido en un espacio cultural y turístico muy atractivo, abierto al público como paseo mirador desde 2023.
El año pasado fue la primera edición y, por diferentes motivos, no pude asistir. Tenía un gran interés en descubrir cómo suena el jazz allí y cómo se ve. Ya puedo decir que es una experiencia de las más agradables que he vivido últimamente escuchando a los músicos tocar y cantar.
La iniciativa, impulsada por Clasijazz, con la colaboración del Ayuntamiento de Almería, Cajamar y la Autoridad Portuaria, celebra su segunda edición, ampliándose a una programación de diez conciertos entre julio y agosto. La idea es especialmente bonita: jazz en directo mientras cae el sol sobre el Mediterráneo, con el puerto y el propio cargadero como escenarios. No es solamente ir a escuchar un concierto; el lugar forma una parte muy importante de la vivencia. El Cable Inglés tiene una arquitectura de hierro y una relación con el mar que hacen que el concierto sea muy especial. Comienza al caer el sol, de modo que el paisaje cambia durante la actuación. El Ayuntamiento describe precisamente el traslado de este proyecto de “atardecer con música” al Cable Inglés como una de las propuestas culturales del verano almeriense: patrimonio industrial + puesta de sol + mar + jazz.
Sara Dowling y Michael Kanan: una conversación a media luz, adentrados en el mar
Sara Dowling, cantante de jazz palestino-irlandesa, y Michael Kanan, pianista nacido en Boston, ambos pertenecientes a la escena de Nueva York, nos presentaban su primer disco en común, acompañados por el contrabajista italiano, natural de Bari, Dario Di Lecce y el barcelonés Guillem Arnedo a la batería. Se trata de un trabajo muy recomendable de escuchar. No está aún disponible en soporte físico a la venta, ni en plataformas digitales pero, hasta que lo tengamos, podemos hacernos una idea conociendo el repertorio que nos ofrecieron, a modo de diálogo, mientras iba cambiando la luz que les envolvía. Antes de anochecer pudimos ver cómo unas gaviotas cruzaban pausadamente el cielo o cómo los barcos, unos más grandes, como un transatlántico que cruzó por detrás muy cerca de los músicos, y otros más pequeños, se acercaban todos lentamente al puerto mientras un faro, al lado del piano, nos lanzaba sus destellos intermitentes sin llegar a deslumbrarnos. El diálogo musical me recordó esas conversaciones que se prolongan en la playa hasta hacerse de noche, con el sonido de las olas y el viento suave que acaricia los cuerpos las cálidas tardes de verano. La sensación de paz y bienestar duró hasta el final, ya con la luz de la luna casi llena.

Han realizado una selección exquisita, y muy cohesionada, del Great American Songbook (el gran cancionero estadounidense), que refleja la sensibilidad clásica del jazz vocal o de pequeño formato, como típicamente un trío de piano, bajo y batería acompañando a una cantante.
Atardecía e iniciaron el repertorio con la nostalgia nocturna de «Where or when» (Richard Rodgers y Lorenz Hart, 1937), una pieza teatral que explora con sutileza la misteriosa sensación del déjà vu amoroso. A continuación, la atmósfera se volvió íntima y refinada con «When lights are low» (Benny Carter y Spencer Williams, 1936), que invita a la escucha reposada y al lirismo instrumental, conectando directamente con la ensoñación romántica de «It’s magic» (Jule Styne y Sammy Cahn, 1947), una joya cinematográfica cargada de una dulce melancolía pop-jazz. El cancionero cobró entonces un dinamismo luminoso gracias a «Sometimes I’m happy» (Vincent Youmans, Leo Robin, Irving Caesar y Clifford Grey, 1927), cuyo optimismo y balance rítmico contrastan de manera bellísima con la estampa pictórica y otoñal de «’Tis Autumn» (Henry Nemo, 1941), una obra de profunda sensibilidad poética sobre el paso del tiempo. Finalmente, el que podemos designar como primer bloque del concierto, culminó en lo más alto de la sofisticación con el majestuoso estándar «Sophisticated lady» (Duke Ellington, Mitchell Parish e Irving Mills, 1933), una obra maestra armónica que destila la distinción y el genio indiscutible de la época dorada de las grandes orquestas de jazz.

Llegó la noche y el segundo bloque se abrió con la deslumbrante elegancia instrumental de «Dream Dancing» (Cole Porter, 1941), marcando de inmediato un tono de sofisticación que desemboca en la atmósfera sombría y confesional de «The night we called it a day» (Tom Adair y Matt Dennis, 1941). Este fluir melancólico encuentra un contraste dinámico y lúdico en el ingenioso popurrí formado por «Falling in love with love» (Richard Rodgers y Lorenz Hart, 1938) entrelazado con la astucia rítmica de «Let’s fall in love» (Harold Arlen y Ted Koehler, 1933), una sección que interpretaron en formato de trío demostrando la complicidad y el buen hacer de Dario Di Lecce y Gillem Arnedo, para volver con voz a «Falling in love with love«. La intensidad emocional regresa con la conmovedora fragilidad de «He’s funny that way» (Neil Moret y Richard A. Whiting, 1927), preparándonos para el encanto sureño y pintoresco de «Stars fell on Alabama» (Frank Perkins y Mitchell Parish, 1934). Hacia el tramo final, la sintonía se torna agridulce con el optimismo irónico de «Can’t we be friends» (Kay Swift y Paul James, 1929), para finalmente cerrar con la exultante alegría y el balance rítmico luminoso de «The best things in life are free» (Ray Henderson, Buddy G. DeSylva y Lew Brown, 1927).
No todos los conciertos de jazz necesitan deslumbrar para dejar huella. El encuentro entre Sara Dowling y el trío de Michael Kanan pertenece a esa categoría más difícil: la de los recitales que cautivan por la escucha mutua, la elegancia y la ausencia de artificio, en un marco tan atractivo.
Desde los primeros compases quedó claro que el protagonismo no recaía en la exhibición individual, sino en la conversación. Michael Kanan, uno de los acompañantes de cantantes más refinados del panorama actual, construye armonías de una transparencia extraordinaria. Su piano nunca invade; propone, sugiere y deja respirar cada melodía. Sobre ese tapiz, Sara Dowling despliega una voz de timbre cálido y una dicción impecable, con un fraseo flexible que recuerda a las grandes vocalistas del jazz clásico sin caer nunca en la imitación. Se dice que recuerda a Betty Carter y Sarah Vaughan, y puedo estar de acuerdo destacando su propia personalidad. Tenía muchas ganas de verla en directo, tras no poder ir a su concierto del Portón del Jazz en julio del año pasado. Su disco Star Gazers (Swit Records, 2025) con Ignasi Terraza Trío, me dejó agradablemente impresionado. Sara tiene una voz de las que me gusta escuchar repetidamente. Como dato valioso, recordar que fue nombrada Mejor Vocalista en los British Jazz Awards de 2019 y es reconocida como una de las principales cantantes de jazz en Europa.

El repertorio mantuvo un equilibrio entre baladas y temas de medio tiempo, permitiendo que el cuarteto explorase distintos matices sin perder nunca la coherencia estética. La sensación general fue la de asistir a un coloquio entre músicos que llevan años escuchándose, aunque el proyecto conjunto sea reciente. Es una propuesta para quienes disfrutan del jazz vocal clásico con una voz de hoy. Efectivamente, Sara Dowling confirmó que es una de las voces europeas más elegantes de la actualidad, y Michael Kanan demuostró, una vez más, que acompañar a una vocalista puede ser una forma de creación artística.
Llegó el bis con la vitalidad y picardía de «What a little moon light can do» (Harry Woods, 1934), y con la luz de la luna de protagonista, que transmite una energía juguetona y despreocupada. El tema lo podemos escuchar en la versión que está en el citado álbum Star Gazers. Fue un acertado final para dejar un buen recuerdo del concierto y disfrutarlo cuando nos acercamos a la barandilla de la izquierda del Cable Inglés, para contemplar el paisaje nocturno sobre el mar.

[N. del A.: Esta fotografía pertenece a mi serie «Resonancias», y procede de un solo negativo].
Texto y fotografías: © José Miguel Gutiérrez, 2026 / https://www.instagram.com/josemiguelgutierrez.lhl
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Información en unadeJAZZ




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